Cuando el país de las maravillas se junta con las mil y una noches… Por María Angélica Milla.

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Cuando yo era niña mi papá decía: camina como pato, hace cua cua como pato, tiene plumas blancas como pato,  ¿qué es? Pato.

Han sido unos días de juicio donde la realidad ha superado totalmente a la fantasía de cualquier autor de novela de ciencia ficción, donde ha quedado evidenciado con un veredicto de culpable que el hermano del Sr. Hernández estuvo totalmente involucrado en el negocio del narcotráfico y no lo dijo ningún hondureño, lo ha establecido fiscales norteamericanos en un sistema de justicia que  funciona en forma adecuada. Esta justicia ha traído a colación elementos de juicio que si uno tiene dos dedos de frente, pues lo hace concluir que sí, el pato es pato. Sin embargo, en Honduras no es así, aquí hasta las tablas han cambiado, la geografía mundial  no es dominada por personas que se encuentran en posiciones de poder y el mismo gobernante dice que desconocía la actividad de su hermano y ahora, peor, es una víctima de un complot para vengarse de él y su familia por ser un vigilante de la prosperidad y seguridad nacional. En ese país mágico que él vive, donde se puede caminar sin temer mal alguno, donde todos comen los tres tiempos adecuadamente y tienen línea blanca de la última, donde la educación es gratuita y todos asisten a la escuela pública convencidos que su futuro es brillante y ninguna enfermedad es un problema porque el sistema de salud tiene cobertura universal, gratuita y de calidad,  se ve todavía en la penosa labor de convencer a los habitantes , que él es impoluto y que ,de remate, es perseguido por sus bondades y buenos juicios.

Cada día como Scherezade, cuenta un nuevo cuento para entretener con la idea que no caerá de su poder mientras la historia que está contando ocupe la mente del único grupo capaz de pedirle que rinda cuentas y más todavía, que no continúe a la cabeza del país, el pueblo mismo. Duele ver a sus correligionarios ofuscados por un amor partidista defendiendo   lo indefendible demostrando en su ceguera pasional  una falta total de  amor a la Patria, que sufre, que sangra y que de maravillas, solo tiene el cuento diario.  Duele ver como la institucionalidad se destruyó sistemáticamente y dejó a Honduras prácticamente a la deriva y permitió paso a una impunidad gigantesca, galopante y demoledora, no hay país del mundo que pueda progresar con semejante aberración y ahora pretender dar la estocada final con un código penal que no obedece a la necesidad nacional sino a la necesidad del grupo que tiene el poder en sus manos. En cualquier democracia, la presencia de fuerzas de oposición es respetada y  necesaria para el buen concurso del país, aquí la oposición ha sido satanizada y se ha llegado al punto de manifestar  falacias  con la idea de manchar la imagen de gente decente que ha manifestado su inconformidad con los eventos que presenciamos a diario. La acción ciudadana es de importancia vital y debe ser acuerpada por grupos de hondureños que aman entrañablemente a Honduras y no quieren más cuentos. De hecho lo que se quiere oír es: Colorín colorado, este cuento se ha acabado.

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