INSURRECCIÓN CONSTITUCIONAL Y VERGÜENZA NACIONAL. Por Dennis Starkman

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Hace más de diez años que estamos en un embrollo del cual no sabemos cómo salir. Se arrestó a un presidente electo y en funciones, porque se emitió una orden de captura en su contra para ponerlo a la orden del Ministerio Público y someterlo a juicio

En lugar de juzgarlo, fue expatriado ilegalmente y con ello se detonó el conflicto político, económico y social más importante en más de un siglo de la historia de Honduras

Un golpe de estado en nuestros tiempos. ¡Increíble! El retorno a la vida constitucional que tanto celebramos el último cuarto del siglo veinte resultó ilusorio. Los políticos encargados de proteger la república, lejos de hacerla prosperar y crecer, la han destruido

Ahora tenemos que reconstruirla los ciudadanos y la verdad, no sabemos cómo hacerlo. No lo sabemos porque no podemos ponernos de acuerdo. No hay manera de que nos pongamos de acuerdo porque estamos profundamente divididos. Lejos de buscar la reconciliación nacional entre los hondureños, el gobierno de Honduras en 2010 se esmeró por profundizar aún más esas divisiones y no hizo sino abusar, imponer y mentir. Matar también, según nos enteramos por un proceso judicial en el extranjero; y empoderar a quienes no quieren sembrar sino muerte y destrucción

Hoy nos toca resolver esta calamidad y no sabemos cómo hacerlo

La Ley ahora nos da la opción de un juicio político para destituir legalmente a un gobernante, pero el actual gobernante de Honduras no tiene derecho a que se le considere presidente, y, por lo tanto, un juicio político constituye un blanqueo tácito de su ilegitimidad y podría decirse en el futuro que un presidente electo fue destituido por vía constitucional. No se lo merece

Es improbable que ocurra un juicio político, porque para ello se requiere mayoría calificada y eso se necesita una mayoría calificada que exige muchísimos votos, demasiados, de diputados del Partido Nacional, y esos ya cerraron filas alrededor de su caudillo

Aún así, es un camino que debe buscarse. Sí. Es necesario agotar esa vía porque para hacer posible siquiera el intento, los partidos Liberal y Libertad y Refundación tendrían que alcanzar un acuerdo estratégico para unificar posturas que hoy son irreconciliables pero necesarias. Es, digamos, un símbolo estratégico que permitiría generar la confianza en la población que comprende la necesidad de salir a las calles y a generar tal presión desde la empresa privada, movimientos sociales y de la masa entera de la hondureñidad que desea, necesita, recuperar su dignidad nacional

Los partidos políticos deben ser muy cuidadosos respecto de lo que hacen y piensan hacer. No deben usar los métodos y tácticas que siempre han usado para esconder la basura debajo de la alfombra. Es necesario que admitan la responsabilidad de sus partidos, como lo ha hecho el Papa respecto de los crímenes cometidos por la Iglesia en siglo pasados y en tiempos presentes. No puede avanzar nadie sin expiar sus culpas y responsabilidades, y la única manera de lograrlo es trabajando juntos, coordinadamente, con inteligencia y con patriotismo

Paralelamente, los sectores de la hondureñidad deben también acoplarse. Trabajadores, vecinos, emprendedores, estudiantes, todos deben asumir una lucha política no violenta con valentía y con decisión. Todos debemos hacer sacrificios y asumir riesgos porque a la vuelta de la esquina está una Honduras desolada, quemada, asesinada y empobrecida más allá de lo que podemos imaginar

Los liderazgos en Honduras han sido usualmente partidarios y sectoriales. Hoy necesitamos Estadistas, con mayúscula. Necesitamos un liderazgo decente que esté dispuesto a dar una batalla histórica por la dignidad nacional

Se piensa que son los adultos quienes hacen a los niños, pero con frecuencia son los niños quienes convierten en adultos a sus padres

La crisis crónica y aparentemente insuperable por la que atravesamos debe convertir en Estadistas a los políticos actuales, pero, sobre todo, a una generación entera que esté dispuesta a asumir los retos que Honduras enfrenta

No hay otra manera de lavar la vergüenza que todos debemos sentir por no haber sabido asumir las oportunidades que nos dio la democracia.

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