La segunda vuelta electoral en Honduras. El temor de la dictadura en Honduras.

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Después de que el diálogo político quedó en punto muerto en temas embarazosos, las fuerzas políticas representadas en el Congreso Nacional se aprestan a ingresar esta semana en la recta final de las reformas constitucionales y electorales.

Las posiciones en torno a la segunda vuelta y la regulación de la figura de la reelección,están bastante distanciadas, de momento. Son mayores las diferencias alrededor de cinco temas punzantes que los 169 acuerdos alcanzados en las mesas facilitadas por la Organización de Naciones Unidas (ONU).

Quizás este comportamiento se mantenga inflexible y que no haya posibilidad de abrir un espacio de armonía que haga posible que los políticos antepongan sus ambiciones a las conveniencias del país.

Las tesis son más sesgadas en el asunto del balotaje. De hecho, la Coordinación y los representantes legislativos del Partido Libertad y Refundación (LIBRE), no quieren ceder en sus condiciones.

Los miembros de dicha institución opositora no transigen y afirman que no apoyarán el paquete de enmiendas, en tanto no se haga válido el pacto de la segunda vuelta, pensada como una vía para darle legitimidad a la elección del Poder Ejecutivo.

Un grado semejante de resistencia se ha colocado sobre el asunto de la reelección que, para muchos sectores,es inconstitucional y un acto de traición a la patria, aunque los grupos que fertilizan el terreno de la continuidad, ahora pugnan por su reglamentación y límites.

Enero es el mes vital para que las reformas electorales propuestas en aras de garantizar la transparencia de sucesivas consultas democráticas, sean acogidas en concordia por parte de los actores políticos.

Los hondureños no deberíamos arriesgarnos a atravesar por las mismas experiencias aciagas que dejaron el golpe asestado al Poder Ejecutivo en 2009, y los comicios de 2017 que desembocaron en una crisis no resuelta.

Para arribar a puntos de armonía, la clase política tiene frente a sí la oportunidad de reivindicarse ante el pueblo hondureño, desechar cualquier ambición particular  y anteponer el interés colectivo.

¿O no están dispuestos nuestros políticos a enderezar el camino de la democracia electorera ni a verse en el espejo de los conflictos de nuestros vecinos?

¿Persistirán en su papel de histriones? Si es así, triste destino le depara a un pueblo empobrecido como el de Honduras, merecedor de mejor suerte!

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