La larga noche azul. Por José Carlo Vallecillo.

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Hace diez años que nuestro país cayó en el más oscuro rezago de su historia. En este tiempo se han perpetrado desde el poder los peores y más dantescos actos de corrupción y atentados contra la dignidad humana. Se han robado todo. Se robaron las elecciones, se robaron la seguridad social y por último se robaron la esperanza de que por la vía democrática era la manera del pueblo de decidir su futuro. Todo lo hicieron ufanándose de su poder, contactos y dinastía. Se revolcaban como cerdos en sus actos de corrupción, en su narcotráfico y en sus fraudes. La sonrisa era muy poco probable que se les logrará quitar, creían ciegamente que estaban en la cima del mundo y que de ahí nadie los podía bajar.

Tan equivocados, tan ilusos y tan pesados. No saben que todo lo que sube tiene que bajar. Que el que a hierro ha hundido al pueblo, detrás de barrotes de hierro pasarán el resto de sus días. Que la justicia tarda pero siempre llega.

Hoy empiezan sus últimos días, su agonía ha empezado desde el 2017, sus días sin poder conciliar el sueño ya llevan muchos años y el fantasma de la extradición hace mucho les tocó su puerta. El imperio de corrupción, de narcotráfico y de miedo de JOH ha empezado a sucumbir. En una corte de New York están sepultando al narco dictador, le están demostrando que no es dueño de todo y que la verdad siempre sale a flote. Están arrastrando por los suelos la ya deteriorada política exterior de Trump. Juan Orlando superó con creces a cualquier ex presidente con vínculos de narcotráfico de Latinoamérica. Atrás quedan Noriega, Uribe y hasta Pablo Escobar.

No debemos confundir a Tony Hernández como el principal cabecilla, como lo dice la corte de NY, el fue una pieza más en el engranaje del cartel que dirigía desde el estado Juan Orlando, las pruebas no engañan.

La larga noche de represión, de destierro o encierro están llegando a su fin. No le corresponde a Estados Unidos llevarse el premio de sacar al narco dictador, le corresponde al pueblo, de quien debe emanar la soberanía y voluntad popular. Pueblo unido, sin distingo de colores políticos, credos o religiones, llegó el momento, llegó el día de que ya dejen de avergonzarnos a nivel internacional. Honduras nos necesita, Honduras merece una mejor suerte, somos un pueblo de gente trabajadora y soñadora. Soñemos en grande y saquemos al dictador. Les digo hermanos míos por más larga y dura que sea la noche, el sol siempre volverá a salir.

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